Palingenesia 1 (estructura subjetiva de la idea platónica)

Fuente: Filosofía Hoy

Fuente: Filosofía Hoy

Debemos reconocer que este texto surge de la admiración ante la imagen: una serie de viñetas utilizada por el profesor, en nuestro caso de filosofía, para reivindicar, de forma un tanto romántica, la supervivencia de lo que padece subyugado por el imperio, normalmente ominoso, de eso que, de forma vaga, daremos en llamar “la política”.

Un hombre se apresta a ser fusilado: atado a un mástil y los ojos vendados, sigue recordándonos a la decadencia del rey de Tebas. Frente a él, una cuadrilla de un ejército cualquiera, con sus correspondientes rifles que apuntan, directamente, a los incapaces ojos. Un elemento reina en la escena: se trata del globo verde, signo icónico del pensamiento, que en este caso simboliza a la idea por la que el preso va a ser ejecutado.

En este sentido, la imagen muestra una secuencia en tres tiempos, como el edipo; pues aquí, como en aquel caso, se trata justamente de lo que acontece para que el individuo devenga propiamente sujeto.

En la parte inferior de la imagen, un niño pequeño observa la escena. Él también tiene su globo correspondiente, pero este no es un globo de pensamiento; no es una herramienta discursiva, es un juguete, un globo de plástico hinchado con aire. Solo en relación al contenido de este globo se deja descubrir la posición del niño, aún marginal, que está marcada por el encuentro de tres relatos distintivos:

  • el del observador
  • el de su narcisismo
  • el de su vanidad

De este modo queda configurada, de nuevo, la estructura de tres miembros que dibuja la escena: un ejecutor, un preso que ya tiene más de muerto que de vivo y un observador, externo pero interpelado por este acto metonímico de traer consigo su propio “globo”.

Así analizado, recuerda en todo, en su planteamiento, al último ágape socrático antes de beber la cicuta; banquete en el que se repartían no ya comida sino argumentos (logos), pues se trataba, no de alimentar al cuerpo (soma) que ya estaba “más muerto que vivo”, sino a aquello que todavía debía perdurar: el alma (psijé).

Fuente: www.escuelapedia.com
Fuente: http://www.escuelapedia.com

Hemos de entender que se trata, pues, de un tema constitutivo de la propia razón de ser de la filosofía, la misma que alguien definió como conjunto de notas al pie de los Diálogos platónicos. Y aunque pudiéramos dejarnos llevar por el romanticismo, como hace en este punto el profesor, este retorno al origen nos revela la justicia de pensar que la filosofía no tiene que ver con cualquier idea, sino justamente con aquella que, en la viñeta, va a ser retomada por el niño, y así evitando que quede huérfana.

Porque la filosofía es aquello que (como la idea y el alma que a ella aspira) no muere, vive la filosofía allí donde el filósofo, en cambio, sí muere. Por tanto, la filosofía sobre-vive allí donde supera la muerte de un filósofo que muere en/por su idea. La filosofía presupone la muerte de la idea, en la idea y hasta por la idea misma, que de este modo se yergue en causa de un morir que desde el primer momento ha sido, si hacemos caso al Sócrates del Diálogo, un querer morir.

Ya desde Platón se presenta ese vínculo íntimo entre la idea y la inmortalidad, solo que aquí además toma un sesgo político, que creo que no debería ser nunca ajeno a la filosofía. Estableceremos, pues, que en todo caso no se trata, pues, de lo político, sino del carácter revolucionario de la idea misma.

En este sentido es la sencilla imagen más compleja que todos los diálogos platónicos: en la medida en que ella es capaz de señalar “eso” que queda como resto de la “transmigración” eidética: nos referimos al sujeto social, legal y, cómo no, político.

La imagen, en este caso, habla desde un sesgo distinto al que se puede entrever en Platón, ya que en nuestro siglo la política ya no va a tener que ver con la armonía entre los diversos elementos, sino con las posibildiades para la democracia.

De forma impropia, por ruda, se habla de la “metempsicosis” para referir el origen religioso (más bien mítico) de la doctrina platónica de las ideas. Pero en su lugar deberíamos hablar de “palingénesis”, que es como la refiere el propio Platón:

Pues hay un antiguo relato del que nos hemos acordado, que dice que llegan allí desde aquí, y que de nuevo regresan y que nacen de los difuntos. Pues, si eso es así, que de nuevo nacen [pálin egígnonto] de los muertos los vivos, ¿qué otra cosa pasaría, sino que persistirían … nuestras almas? (Fedón, 70c).

Es por esto que decimos que la noción de “metempsicosis” (reencarnación) es solo impropiamente platónica (“platonismo para el vulgo”, que diría Nietzsche), pues esta recuerda la presencia de una línea temporal y la escisión escato-antropológica entre alma y cuerpo: a un alma le corresponden diversos cuerpos, y así, el alma “transmigra” gracias a la muerte, que así se comprende como “estado” o hasta “lugar” ajeno a este otro “mundo” que es el de la vida.

Y sin embargo, también tomada con propiedad se trata justamente de eso: pues una única alma sobrevive todo el tiempo a nuestro “mutar”, es decir nuestro “vivir”, que es, por lo mismo, “morir” o “estar muriendo”, o incluso, como nos lo sugiere la palingenesia, “haber ya muerto”. La supervivencia del alma no sigue más que la lógica de esta relación desigual: entre un cuerpo que se transforma y muta y un alma que permanece siempre la misma.

“Que de nuevo nacen…”, dice Platón: palingenesia, es decir nacer otra vez, un segundo nacimiento que, como la diferancia derridiana, marca su originalidad (cualidad de origen) en este su ser siempre “segundo”, su ser siempre posterior, o de otro modo: “su ser sido”.

Su carácter de pretérito pasivo es el que lo proyecta hacia su futuridad. No hay otro presente que este “ser sido”, es decir, venir siempre a posteriori. El presente no es lo que se interpone entre el pasado y el futuro, más bien ocurre que el presente es el resultado de su choque: el haber sido ya descubre la posibilidad de ser en el retorno a lo ya “sido”: fundamento de la anamnesis platónica.

En el Fedón el renacer viene impuesto por el poder de la palabra, frente a la “lógica” conspicua de la intuición, incapaz de comprender que, al morir, se resucite. Se trata, pues, de la “lógica de la palabra”, valga la redundancia en idioma griego, y en esto sí que nos retrotrae a su origen pitagórico: logos spermatikós, palabra generadora. Ella produce la realidad que se genera a sí misma, y de este modo, está condenada a “repetirse”.

Por supuesto, esta concepción de la filosofía encierra un fundamento aristocrático: lo que se repite, genera, prolifera, lo hace por mor de su valor. Todo lo que no “merece la pena”, en este sentido, muere. O de otro modo: la “cosa” es de dos tipos: en propiedad y en reflejo; la cosa es generante y es generada, y pasa de ser lo uno a ser lo otro. Por una parte, es preciso afirmar que el hombre mortal “genera” la idea. El hecho de que esta generación sea por anamnesis -recuerdo- no contradice que el hombre y su estar conociendo en el mundo sean necesarios para evocar este recuerdo en el que la idea “existe”, es decir, al modo como se la encuentra en su específica condición de idea, es decir generadora de realidad. Por otra parte, la inmortalidad de esta va a seguir los pasos de ese proyecto de hombre que, como tal, no ha alcanzado el estatuto de mortalidad que le permita generar las propias ideas. El niño “repite” todavía sometido a la Ley que le impone la idea que toma del otro y, como tal, se aboca a su propio destino heredado con la idea de cuyo cargo se acaba de “responsabilizar”. Y decimos bien: el niño deviene sujeto en la medida en que hereda la función del sujeto “responsable”.


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Un comentario en “Palingenesia 1 (estructura subjetiva de la idea platónica)

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