España, sociedad gentrificada 1 (en recuerdo del 12 de octubre)

La gentrificación es un fenómeno urbanístico muy común del que la sociedad empieza a ser consciente de un tiempo a esta parte, sobre todo por su vinculación con el movimiento hipster. Sin embargo, se trata de una tendencia que en realidad viene de antiguo, e incluso podríamos decir que la versión actual no deja de ser quizá la de más dudoso gusto, pues el habitual relumbrón que caracteriza al moderneo no se consigue librar de abundantes resonancias clasistas y hasta racistas, como se explica en este artículo.

Podríamos decir que la gentrificación es un fenómeno global, de modo que por ruzafanecesidad encubre con la misma palabra a fenómenos muy diversos. Pero, por excelencia, toda “revitalización” de una zona urbana empobrecida, que haya ocurrido como justa consecuencia del mismo empobrecimiento, merece sin complejos este nombre.

Dicho brevemente: cuando un barrio es tan pobre, sucio, peligroso, que ya no quiere vivir nadie en él, entonces se dan las condiciones perfectas para que ciertos personajes elijan situar en él su domicilio. A esto, por supuesto, hay que añadir una ubicación, por cualquier motivo, privilegiada: proximidad al centro, proximidad a la Universidad, proximidad a lo que sea. Cuando el número de adeptos a la misma elección es elevado, se constituye entonces un fenómeno social que acaba por afectar incluso a los mismos planes de urbanismo que (supuestamente) habían dado al barrio por perdido.

Todo este movimiento lleva, pues, implícito un principio de la economía liberal: es el individuo, y no el estado, el que marca los destinos de la distribución económica. A partir de ese momento, incluso tiene sentido que los ayuntamientos se planteen contribuir con subvenciones a la mejora de condiciones del barrio. Hordas de “modernos” se apoderan así de los espacios antiguos y los “revitalizan”. Su presencia condiciona las actividades económicas, y finalmente, como colofón, estas actividades económicas estimulan la atracción de nuevos colonizadores.

ruzafa 2

El individuo que protagoniza esa narración, claro, no es cualquier individuo. Porque individuos ya los había antes de la colonización. La transformación del barrio lleva, por algo, el nombre de la nueva clase social (gentry); como se suele decir: “varón, cristiano de raza blanca”.

Esta definición no es, en realidad, más que una parodia. “Varón, cristiano de raza blanca” no es más que el antiguo nombre del sujeto burgués, o mejor, para nuestro caso, del sujeto de la economía liberal, que a día de hoy afecta por igual a mujeres, negras y ateas, aunque la igualdad entre etnias dista mucho de poder figurar como logro en el haber de nuestras sociedades.

De lo que se trata en nuestro caso es, de hecho, de una desigualdad fundamental: la que separa al conquistador del conquistado.

Ya hemos definido al sujeto, pues. Ahora hemos de volver sobre los pasos iniciales, señalados por el título: la gentrificación, así entendida, es un fenómeno cuyo concepto no debe remitirse en exclusiva a la cuestión urbanística. Por el contrario, en la estela de la crisis, es justo hablar de gentrificación de la economía e incluso, como consecuencia, gentrificación de la sociedad.

¿Es España una sociedad gentrificada? Analicemos lo que ocurre a pequeña escala, en los barrios, y tomemos su ejemplo. ¿Se ha empobrecido España lo suficiente como para hacerla inhabitable? Seguramente no tanto. Muchos se han ido de España, pero muchos también se han quedado: por ejemplo, los menos preparados. Aunque no hay necesidad de ser crueles: también permanecen en ella los que tienen cargas familiares, o vínculos demasiado estrechos como para plantearse poner tierra de por medio.

Pero entonces, ¿quién es el invasor? Si no hay sujeto que “huya”, o la sociedad no ha de verse (en principio) transformada por la desaparición de los que sí se van, entonces parece que ni siquiera tiene sentido hablar de sujeto “conquistado”; se nos desmorona el esquema básico que habíamos definido para la definición socio-económica del fenómeno de la gentrificación.

¿Y entonces? Bueno, el ejemplo también nos avisa de que la gentrificación es algo que “va por barrios” y que sobre todo modifica la estructura de vasos comunicantes de la ciudad. Es decir: no se trata solo de que se nos llenen las playas de guiris; lo primordial es que se transforme nuestro modelo de sociedad.

Aquí es donde el vacío de los que se fueron comienza a hacerse notar: hay determinadas cosas que no se pueden hacer en este barrio. ¿Por qué? Porque lo que se puede y no se puede hacer no depende en ningún caso de los valores del conquistado, sino de los del conquistador. Notable enseñanza que podemos resaltar en el recuerdo del reciente 12 de octubre: en este pacto tácito que se da en toda buena conquista, lo mismo consentida que con violencia, los emisarios de una parte deben poner la biblia, y los otros la tierra.

12octubre. Fuente: europapress
(12 de octubre. Fuente: Europapress)

Nosotros ponemos la tierra: esa es la condición sine qua non de nuestra gentrificación. Solo así podremos “salir adelante”. De este modo se puede incluso entender lo que se quiere decir cuando alguien afirma que España se conduce hacia la salida de la crisis…


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